CARL BORG

Mi primer recuerdo gastronómico tiene forma de huevo frito. Con 4 años, intenté lo imposible en el asfalto andaluz, tras escuchar: “¡Hace tanta calor que puedes freír un huevo en el suelo!.” Dicho y poco hecho. Fue el primer síntoma de que estaba predestinado a ser un perseguidor de retos complicados.

El desafío que me ocupa desde hace 8 años, suena a paradoja: ser cocinero sin restaurante. Una opción profesional materializada en mi firma DBORG y concebida como un modelo de negocio para digerir los efectos del cambio económico y cultural.

Opino que mi oficio consiste en dar bien de comer. Bajo esta premisa, mi objetivo es arrancar al cliente ese ansiado ¡¡¡uuummmmm!!!. “Mi máxima aspiración es que el comensal me diga: ¡Qué bueno está!”. Ni más ni menos. Huyo de toda la burbuja gastronómica, de sus fuegos de artificio nitrogenado.

Me considero creativo, imprevisible, caótico, apasionado, luchador, vital, optimista, perfeccionista, sensible, inquieto y versátil, una coctelera de influencias. De madre andaluza y padre sueco, me crié en Madrid, crecí en Barcelona, me estrené como chef- empresario en Menorca y, en los últimos tiempos, me he reencontrado en Alicante, uno de mis anhelados puntos cardinales junto a mi mujer y mis hijos.

Amante de la buena mesa, descubrí mi vocación foodie en mi infancia. Formado en la Escuela de Hostelería y Restauración de Barcelona (mejor alumno de la promoción 1995), adquirí callo en establecimientos como Vía Veneto y Salero. Con 25 años, había sido cinco veces jefe de cocina. En 2000, fuí elegido Mejor Chef de Cataluña. Justo después, abordé mi etapa como empresario en Andaira, abierto de 2000 a 2004 en Mahón y trasladado a Barcelona, de 2004 a 2006.

Tras el cierre de Andaira en Barcelona, tuve mi primer fracaso empresarial, llegué a perder más de 200.000€, esa experiencia, el afán por mejorar y superar las adversidades, me hizo convertirme al management, o lo que es lo mismo, ser cocinero de empresa. No quería que le sucediese a nadie lo que me había pasado a mi.

En 2007, fundé Micenplace, mi primera empresa dedicada al asesoramiento gastronómico y de empresas. Madrid Fusión me colocó en 2010 como uno de los cocineros empresarios interesantes del momento. A lo largo del 2010 me dediqué en exclusiva a auditar y asesorar restaurantes por toda la geografía española.

Tras pasar un exitoso año 2011 como asesor y cocinero ejecutivo de 5 restaurantes para el grupo Nahu en Cádiz bajo mi firma de asesoramiento Micenplace, fundé en el año 2012 una nueva marca, CABG, esta vez si creaba la gestión gastronómica. Durante 4 años he continuado perfeccionando esta nueva profesión de cocinero a la que llamo, gestor gastronómico. Más de 50 restaurantes han pasado por mis manos estos 4 años, algunos, simples auditorias, otros, implantando la cocina al vacío como embajador en España de la marca Fusionchef, otros, he tenido que luchar por mantenerlos a flote con pérdidas millonarias antes de cogerlos como clientes, de todo, ¡todo!.

Tengo la lección aprendida: la cocina es sacrificio y dedicación. Soy práctico y resolutivo, soy alérgico a las florituras del boom culinario y prefiero dedicarme a dignificar el oficio, con una simple receta: “La alta cocina sencilla: buen producto, técnica resultona y mucho cariño”.

¿Cómo ser empresario y, a la vez, amante de la buena mesa? Tengo el antídoto para superar este vértigo:
la “gastronomía de entusiasmo”.